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¿Qué quiere Dios de cada uno de nosotros?

¿Y qué nos promete Dios a cada uno de nosotros?

    Dios es constante: "...Porque yo Jehová, no cambio" (Malaquías 3:6). Lo que Dios quiere de nosotros no ha cambiado desde el principio. Un versículo del Antiguo Testamento, Miqueas 6:8, resume lo que Dios quiere:

... ¿Qué requiere de ti Jehová? Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios.

    "Hacer justicia" y "amar misericordia"... éstas son instrucciones de cómo tener buenas relaciones los unos con los otros. Como Jesús indicó en San Mateo 22:39: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Pero "caminar humildemente con tu Dios"... ¿qué significa ésto exactamente? ¿Cómo camina uno humildemente con su Dios?

    Jesús dio más información en San Mateo 22:37 y 38: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento". Simplemente no se puede amar a Dios tan profundamente sin conocerlo, sin creer en Él y sin obedecerlo. Amarlo y "caminar humildemente" con Dios es creer en Dios, conocerlo y hacer Su voluntad. Significa vivir como si estuviera en la presencia de Dios, porque entiende que está en la presencia de Dios. Significa vivir de la manera que Dios quiere que viva. Vivir de esta manera en estos tiempos no es una casualidad: es algo que se tiene que elegir y por lo que se tiene que esforzar. Como dijo Jesús, "Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (San Mateo 7:14).

    ¿Puede usted realmente conocer a Dios? ¿Es realmente posible? ¡Jesús mostró que es un requisito! San Mateo 7:21-23:

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos sino el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? 23. Y entonces les reclamaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.

    Aquí hay un mensaje importante: si hemos de cumplir con la expectativa de Dios, es necesaria y se requiere una conexión personal con Dios o Jesús. Dado que se espera que conozcamos a Jesús, obviamente debe ser posible conocerlo. Conocer a Jesús es conocer a Dios: Jesús dijo "Yo y mi Padre una cosa somos" (San Juan 10:30). Después de resucitar, Jesús se apareció a Sus apóstoles, "Y llegando Jesús, les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (San Mateo 28:18). Podemos relacionarnos con Jesús como Dios, porque eso es lo que Él es para nosotros: Dios el Padre le ha dado a Jesús plena autoridad sobre nosotros. Hay información básica adicional acerca de Jesús en este sitio web.

    ¿Así que cómo llega a conocer a Jesús o Dios? Primero debe tener fe y creer que puede conocerlo. La Fe es la confianza en Dios y en las escrituras, el registro de Sus palabras. El apóstol Pablo explicó que "... sin fe es imposible agradar a Dios; porque es menester que el que a Dios se acerca, crea que existe, y que es merecedor de los que le buscan" (Hebreos 11:6). Con la fe establecida, Deuteronomio 4:29 muestra que con un deseo verdadero podemos llegar a conocer a Dios: "Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma". Para encontrar a Dios debe buscarlo. Tiene que tener un deseo sincero de entenderlo. Tiene que acercarse a Dios confiando que lo puede encontrar y con buena disposición de obedecerlo.

    ¿Y cómo se busca a Dios? Un buen comienzo es leer la Palabra de Dios, las Escrituras, con una mente abierta y un verdadero deseo de entender. "Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia" (2 Timoteo 3:16). Lea los relatos de las palabras y los hechos de Jesús como se registran en los libros de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan. Empezará usted a percibir el verdadero sabor de lo que Dios espera de nosotros. Y probablemente se sorprenderá de la importancia que se le da al reino de Dios (también llamado "el reino de los cielos" en San Mateo) en estas Escrituras. No se fíe de las "explicaciones" de los hombres de la Palabra de Dios; deje que las Escrituras hablen por sí mismas. Lo que no puede ser claro en un versículo, con frecuencia se expresa con otras palabras o se explica en otros versículos. "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá" (Jesús, en San Mateo 7:7).

    También se busca a Dios decidiendo cambiar, cumpliendo con lo que Dios espera de nosotros. Jesús nos aconsejó arrepentirnos y permanecer arrepentidos. Arrepentirse es dejar de hacer sus propias elecciones en lo que respecta a lo que es bueno y malo, y en vez, hacer la voluntad de Dios. Significa elegir hacer lo que Dios espera, mas que decidir por uno mismo lo que está bien y mal. Significa entender que debemos hacer la voluntad de Dios porque es Su voluntad y porque Él es la autoridad máxima y final. No hay lugar para discutir con Dios. Para Dios no es aceptable diluir los mandamientos ni racionalizar la desobediencia.

    Tal vez le enseñaron a usted que Jesús vino a abolir la ley o los mandamientos o a "clavar los mandamientos en la cruz". ¡No lo crea! Considere estas palabras de Jesús:

Y he aquí que uno acercándose le dijo: Maestro, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17. Y Él le dijo: ¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Ninguno es bueno sino uno, es a saber, Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. 18. Le preguntó: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás: No cometerás adulterio: No hurtarás: No dirás falso testimonio: 19. Honrarás a tu padre y á tu madre: y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (San Mateo 19:16-19)

No penséis que he venido para abrogar la Ley o los Profetas: no he venido para abrogar, sino para cumplir. 18. Porque en verdad os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas. 19. De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos por pequeño que parezca, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: más cualquiera que los cumpliere y enseñare, éste será llamado grande en el Reino de los Cielos. (San Mateo 5:17-19)

    Jesús cumplió y guardó los mandamientos manteniendo completamente su propósito espiritual, no sólo su significado. En San Mateo (el quinto capítulo), Él nos aconseja que hagamos lo mismo. Por ejemplo, nos advirtió que no debemos odiar porque el odio es espiritualmente comparable a matar, una infracción del sexto mandamiento. Además, advirtió no codiciar al sexo opuesto porque espiritualmente eso es comparable al adulterio, una infracción del séptimo mandamiento. Él criticó a los líderes religiosos porque mantenían el significado de la ley pero desafiaban al espíritu de la ley.

¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros diciendo: 8. Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí. 9. Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres. (Mateo 15:7-9)

    Dios quiere que nosotros lo obedezcamos con sinceridad espiritual y voluntaria no con complacencia simbólica. En San Juan 4:23 y 24 Jesús dijo "Mas la hora viene, y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca que tales adoradores le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren".

    ¿Podemos adorar a Dios sin obedecerlo? Por supuesto que no. Jesús preguntó: " ¿Por qué me llamáis: 'Señor, Señor', y no hacéis lo que digo?" (Lucas 6:46). Obediencia a Dios en el amor, "en el espíritu y en la verdad" es la base de la adoración.

    Aquí hay una selección de otros versículos que refuerzan la importancia  de la obediencia a Dios, guardando todos los mandamientos: los diez.

Si me amáis, guardad mis mandamientos. (Jesús, en San Juan 14:15)

Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos (el apóstol Juan, en 1 Juan 5:3)

Y cualquier cosa que pidiéremos, la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables ante Él. (el apóstol Juan, en 1 Juan 3:22)

El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á Él. (Jesús, en San Juan 14:21)

El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á Él, y haremos con Él morada. (Jesús, en San Juan 14:23)

    Note que se hicieron promesas en los dos últimos versículos anteriores: Jesús se "manifestará" o se revelará a aquellos que se arrepientan y elijan obedecer a Dios y hacer Su voluntad. Y Jesús y Dios amarán a los que se arrepientan, y vendrán a ellos y "harán morada" con ellos. ¿Pueden Dios y Jesús de alguna manera, venir a nosotros y vivir con nosotros? ¿Hay otras Escrituras que muestran que Dios puede vivir con nosotros o en nosotros? Considere 2 Corintios 6:16-18, donde el apóstol Pablo contó la promesa de Dios de vivir entre nosotros:

Habitaré y andaré entre ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo. 17. Por lo tanto Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 18. Y seré un Padre para vosotros, Y vosotros seréis mis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso .

    La promesa de Dios es habitar entre nosotros, andar entre nosotros, hasta adoptarnos como Sus hijos e hijas. Pero primero debemos creer Sus promesas y buscarlo diligentemente. Debemos arrepentirnos con la frecuencia que sea necesaria y decidir ser fieles y obedientes a Él. "Dios es Espíritu" (San Juan 4:24); Dios puede habitar dentro de nuestra mente y vida, guiando y ayudando nuestro pensamiento de manera sobrenatural. Esta presencia divina dentro de nosotros se conoce como el Espíritu Santo, también conocido como el Espíritu de la Verdad y el Consolador en varias Escrituras. Mediante Su espíritu, Dios puede ayudarle a abrir su mente para entender la escritura cuando usted la lee. Aquí se presenta una colección de Escrituras sobre el Espíritu de Dios:

En esto conocemos que estamos en Él, y Él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. (el apóstol Juan, en 1 Juan 4:13)

Si me amáis, guardad mis mandamientos; 16. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17. Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y estará en vosotros. (Jesús a los discípulos, San Juan 14:15-17)

Estas cosas os he hablado estando con vosotros 26. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. (Jesús a los discípulos, San Juan 14:25, 26)

Y el que guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado (1 Juan 3:24)

Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen (Pedro, mientras hablaba de Jesús al sumo sacerdote, en Hechos 5:32)

Y será en los postreros días, dice Dios, que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne. (Hechos 2:17)

Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu. (Romanos 8:1)

Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado (el apóstol Pablo a los corintios, 1 Corintios 2:12)

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1 Corintios 3:16)

Así que, los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él. (Pablo a los romanos, en Romanos 8:8 y 9)

Porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis. 14. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. 15. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez con temor; sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual aclamamos, Abba, Padre. 16. Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. (Romanos 8:13-16)

Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, 23. mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. 24. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias (Pablo a los gálatas, en Gálatas 5:22-24)

    Por el poder del Espíritu de Dios, Dios y Cristo habitando en nosotros, somos guiados y fortalecidos para vencer nuestra propia naturaleza humana. Si estamos dispuestos, Dios nos ayudará a sustituir nuestra naturaleza humana con el carácter y la naturaleza de Dios. Este proceso de cambio continuo se conoce como conversión. Aquí yace la esencia del verdadero cristianismo: con la ayuda del espíritu de Dios podemos vencer nuestra naturaleza carnal humana y sustituirla con el carácter de Dios y de Jesucristo. Arrepintiéndonos, buscando a Dios diligentemente y obedeciéndolo, le mostramos nuestra buena disposición; con Su poder y Espíritu, Él nos conduce a una actitud devota que no podemos alcanzar de ninguna otra manera. El apóstol Pablo dijo de su conversión: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13).

    "El fruto del Espíritu" vence la naturaleza carnal humana junto con "las obras de la carne", como lo describe Pablo en Gálatas 5:19-24:

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, 20. Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disputas, herejías, 21. Envidias, homicidios, borracheras, banquetes, y cosas semejantes á éstas: de las cuales os manifiesto, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22. Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, 23. mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. 24. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias . 

    Es de importancia fundamental vencer nuestra naturaleza y adoptar el carácter de Dios. A muchos hoy en día se les ha enseñado que todo lo que se necesita para obtener la salvación es tener fe o sólo creer en Jesús o "entregar su corazón al Señor", pero Jesús mostró que la salvación, la cual es vida eterna con Dios, es dada a los vencedores: a los que reciben el espíritu de Dios, crecen en carácter y muestran las obras, el fruto, de una fe viva. Cuando se dirigió a los fieles de cada una de las siete iglesias, Jesús se refirió a vencer, no sólo a tener fe y creer. Considere estas promesas, todas de Jesús:

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré de comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios. (Apocalipsis 2:7)

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no recibirá daño de la segunda muerte. (Apocalipsis 2:11)

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré de comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe (Apocalipsis 2:17)

Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las gentes; 27. Y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantados como vaso de alfarero, como también yo la he recibido de mi Padre: 28. Y le daré la estrella de la mañana. 29. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (Apocalipsis 2:26-29)

El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. 6. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (Apocalipsis 3:5,6)

Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá; y escribiré sobre Él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo. 13. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (Apocalipsis 3:12,13)

Al que venciere, yo le concederé que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. 22. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (Apocalipsis 3:21,22)

    Hacia el final del Apocalipsis (o Revelación), el último libro de la Biblia, Jesús prometió:

El que venciere, poseerá todas las cosas; y yo seré su Dios, y el será mi hijo. 8. Mas a los temerosos e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras, y a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la segunda muerte. (Apocalipsis 21:7 y 8)

    Como fue profetizado en Isaías 11:9, en el futuro, en el reino de Dios, "No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehová, como cubren el mar las aguas". Es de esperar que ahora pueda usted apreciar mejor el verdadero significado del "conocimiento de JEHOVÁ". En el reino de Dios "... porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande... " (Jeremías 31:34) Cuando se establezca el reino de Dios en la Tierra, todos conocerán, amarán y obedecerán a Dios. Esta es la manera en que se suponía que sería la vida desde el principio.

    Desafortunadamente a muchos se les ha enseñado que Dios no quiere más de nosotros que ser "gente buena". De hecho, no es así: Dios quiere habitar en nosotros y ser parte activa de nuestra vida; Él quiere que aprendamos y que desarrollemos Su carácter de manera activa. Quiere adoptarnos y cuidarnos como Sus niños. Quiere que lo conozcamos y que lo amemos. Fuimos creados para ser incompletos sin Dios; solamente con Dios nuestro Padre Espiritual podemos llegar a ser completos y alcanzar una verdadera realización.

    La más alta realización que podemos alcanzar es conocer y amar a Dios, y que Él nos conozca y nos ame; es el agua de la vida. "... yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente" (Jesús, en Apocalipsis 21:6). Todas las cosas que codiciamos e idolatramos con tanta facilidad, el dinero, las posesiones y el poder, son sólo espejismos. Jesús resumió diciendo "Ésta, empero, es la vida eterna: que te conozcan el único Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado" (San Juan 17:3)

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